
Los jóvenes de mi generación somos la oveja negra de la sociedad o como aquél hijo rebelde que aparece por arte de gracia en todas aquellas familias con muchos hijos. De hecho, esto ha ocurrido siempre, el problema es la invasión del egocentrismo en nuestras vidas desde que tenemos uso de razón, nos damos más importancia de la que debiéramos. Y es que el ser humano es demasiado pedante y se pasa la vida intentado justificar lo injustificable con teorías ortodoxas y demasiado académicas. Pero la culpa de todo la tienen los medios de comunicación ése Dios omnisciente que imparte los cincuenta mil mandamientos a base de noticias que recurren al miedo, el sensacionalismo y la ciencia ficción de las emociones. Cuando aparece en el diario una noticia bajo el titular de “Aprende a ligar”, invita a las chicas de entre 13 y 16 años a «mejorar sus técnicas de ligue» es posible que llame la atención de más de una persona, especialmente, si eres mujer. Por gracia o por desgracia a las mujeres siempre nos tienen y nos han tenido, a lo largo de toda la historia, demasiado bien consideradas. Ahora hemos llegado al punto que nos tienen que enseñar a ligar con los hombres como en la época de nuestras avuelas. Volvemos a retroceder al milenio, siglo y década pasada en que a las mujeres les impartían los cursillos para no perder la compostura. Como las niñas de 14 años ya han perdido esos bellos modales de sus abuelas, se les tiene que volver a enderezar, una vez perdida esa dulce y empalagosa identidad femenina que tanto seducía al sexo opuesto. Por ese motivo, como las mujeres cada vez somos más autónomas en algunos ámbitos, aunque no en todos y, en consecuencia, los chicos están más desconcertados. Ellos se sitúan en la franja límite de unos roles de comportamiento que antiguamente estaban muy marcados y prefijados. De éste modo, éste tipo de campañas van dirigidas al público femenino para que ellas ayuden al sexo opuesto a darles un aliento de esperanza de ese que sus abuelas dominaban perfectamente.



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