Benvinguts insignificants éssers del regne humà

Un ésser qualsevol o qualsevol cosa, no importa, sempre ha d'explicar a un mateix públic una historia viscuda en un present o passat molt proper gairebé inexistent, un sospir, una idea.

By: ©LaGarsi



dissabte, 8 de maig del 2010

JubilaSión antiSipada

Apreciados señores y señoras de mantenimiento. Deseo que al recibo de ésta, estén ustedes bien, yo bien, a Dios gracias.

Llega un punto en que una servidora, funcionaria y bienaventurada se acaba cansando. Y no es por criticar, ni mucho menos, simplemente hay cosas que no se pueden permitir ni a un gentil espécimen de papel acartonado. Sin embargo, también cabe saber que la culpa no es solamente suya, pobre criatura, la culpa la tienen ésos humanos violentos que, de buena mañana, colocados de cafeína, se ceban a hacerme engullir esas empalagosas tarjetas recién amanecidas del interior de sus carteras. Son gente aparentemente honrada y con su estirado porte como abogados, médicos o ingenieros que se dedican a abandonar la compostura desde las cinco de la mañana. Tantos estudios para nada, vergüenza les tendría que dar. Se sitúan en frente de mí. Me miran. Nos miramos. Se hacen los distraídos mientras buscan su gastada tarjeta y me la introducen sin miramiento alguno hacia mi persona. Sucios. Después son los primeros que se inventan derechos y libertades que, evidentemente, no existen para nosotras, las máquinas. Por si no lo saben, Eugenia María, aquí presente ya tengo una edad y mis metales no están para mucha guasa. He oído hablar a esos seres del reino humano, vestidos de uniforme, que dentro de unos días me van a jubilar. Al oir esas espantosas palabras me dio un vuelco al corazón y decidí escribir ésta carta. Ahora no penséis que yo soy así de salerosa, ni mucho menos. Simplemente hay cosas que no me parecen correctas. Que tiempos aquellos en que mis brazos acompañaban presionando esas hermosas caderas y culos del gentío para que pudieran acceder a coger el metro. Ahora ya es otra cosa, me estoy haciendo vieja, demasiado vieja y ya no me valoran como antes. Por lo que me ha dicho la Loli, la de los billetes que siempre está estropeada, en la estación de Paseo de Gracia han puesto a unas jovencillas hechas y derechas, muy monas y un poco sueltecillas que se ve que tienen unas puertas futuristas que engullen papel acartonado seduciendo sin ningún escrúpulo a los viajeros. Realmente, no se que se habrán creído. Cuanta pecaminosidad suelta! Adonde vamos a ir a parar. En mis años mozos no había tanta lujuria .

Para finalizar estas palabras de adiós, he decidido acabar yo antes de que decidan ellos por mi. No hago responsable a nadie de mi fin. Por la presente se despide esta que lo es, doña Eugenia María, la engullidora de tarjetas.

Eugenia María aquí presente

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